diumenge, 16 de setembre de 2012

La izquierda transformadora ante el movimiento soberanista


Cuando estalló la crisis económica del capitalismo en 2007, cuando se evidenció que la desregulación económica no era un cuento de hadas, la izquierda transformadora pensó que había llegado su momento, que de forma espontánea la población exigiría un mayor control público (y democrático) de los procesos económicos y en eso llegó el nacionalismo. El nacionalismo de los países más ricos de Europa que no querían asumir la deuda de los más pobres, el nacionalismo de los catalanes hartos de recibir de España menos de lo que aportan, el nacionalismo de los españoles que consideran que las reivindicaciones catalanas constituyen un acto de deslealtad. La historia no es nueva, basta recordar el ascenso del nacionalismo en el periodo de entre guerras.

La crisis en Catalunya fue acompañada por el tedioso desenlace del proceso de reforma del Estatut de Autonomía que catapultó el soberanismo catalán hasta cuotas que habrían resultado inverosímiles tan solo un decenio atrás. La centralidad que ha ido ocupando la cuestión nacional en el debate político del país y del resto del Estado no es casual y ha sido utilizado acertadamente por las distintas burguesías como cortina de humo ante las agresiones al estado del bienestar que han ido cometiendo sin ningún tipo de confrontación de por medio o, peor aún, con una lealtad que se resume en el tópico de que Catalunya ya ha hecho sus deberes; ¿los deberes para quién? Todo esto es cierto pero, sin embargo, acertaba el joven Marx cuando decía que interpretar el mundo no es suficiente sino que es necesario transformarlo, y la izquierda transformadora catalana (también la española pero ese es otro debate) se ha limitado a dar explicaciones a esa realidad dando rienda suelta a la derecha para hegemonizar la movilización ciudadana.

Ante la recurrente pregunta de si respaldaría un eventual proceso independentista en Catalunya, la izquierda transformadora se ha limitado a contestar mecánicamente, que la respuesta a la dichosa pregunta dependía de quién dirigiera ese proceso y de sus objetivos, situándose, de facto, fuera de la sociedad. La izquierda ha repetido machaconamente que solo apoyaría aquellos procesos soberanistas que llevaran aparejados un proyecto social ambicioso que dé respuesta a las necesidades de una ciudadanía agonizante ante los estragos de la crisis económica y de su gestión por parte de los gobiernos. Como casi siempre, la izquierda acierta en la respuesta pero no en la pregunta, puesto que, al fin y al cabo, lo que preocupa a los y las catalanas y, especialmente, a las clases populares no es qué apoyaría la izquierda ante un eventual escenario sino cuáles son sus propuestas. Como en la fábula del rey desnudo, la izquierda catalana ha perdido la capacidad de dirigir políticamente el país y, visto lo visto, parece que nadie se lo haya dicho.

La izquierda tiene que asumir su posición subalterna en el proceso de construcción nacional catalana del mismo modo que lo hizo el pujolismo en el tardofranquismo[1] con unos resultados de sobras conocidos. No se trata pues de disuadir a la población de apoyar un proceso de secesión dirigido por la burguesía catalana (eso, desgraciadamente para los que nos definimos de izquierdas, ya no está en sus manos) sino de participar en dicho proceso y de confrontar con la derecha dentro del mismo para evitar que el discurso convergente sea el único existente y que sus creencias se eleven a la categoría de norma o, para decirla a la manera de Gramsci, de sentido común.

Ahora bien, para lograr una participación fructífera en el movimiento soberanista, para que la confrontación ideológica con la derecha nacionalista sea efectiva, para que el Estado resultante dé respuestas a los problemas de la inmensa mayoría de los y las catalanas; la izquierda transformadora debe tejer complicidades con las demás tradiciones de la izquierda hasta situar un programa y una agenda común. Nos jugamos mucho con ello.


[1] Cuenta Toni Salado en su último artículo que Jordi Pujol se dirigió al histórico dirigente del PSUC Guti con las siguientes palabras:  "Guti, no et pensis que sòc tonto. Jo ja sé que rera l'Assemblea de Catalunya i  "Llibertat, Amnistia i Estatut d'Autonomia" esteu els comunistes!. Però això i el tema de "Catalunya, un sol poble", a nosaltres també ens interessa per construir Catalunya un cop estiguem en democràcia..."

4 comentaris:

Eastriver ha dit...

Me reconcilias con las izquierdas y no sabes hasta que punto, que ya pensaba yo que me habían escupido de su seno por asistir a la manifestación del martes y apostar de forma clara por la independencia. Compartiré tu artículo en mi FB si me permites.

xabre go ha dit...

Una altra opinió des de l'altra punta de la península: http://praza.com/opinion/554/crise-e-problema-nacional/

Cristian Cortes ha dit...

Aquesta proposta respon a la lluita que l'Esquerra Independentista fa dècades que porta endavant, i massa vegades sola.

Està bé que des d'una part de l'esquerra transformadora es faci aquesta reflexió (necessària sens dubte) però aquest treball té una trajectòria en organitzacions com la CUP, Endavant, Maulets i CAJEI (ara ARRAN), etc...

Per això les aliances arriben tard, però el que caldrà fer des de l'esquerra "no-independentista" (com a mínim fins ara) és adquirir una bona formació en termes de sobirania i internacionalisme català!

Salut!

Antoni-Ítalo ha dit...

Eastriver, obviamente me parece estupendo que compartas el artículo.

Xabre, l'article és interessant si bé jo en aquesta aliança entre les esquerres nacionals i les estatals hi crec poc ja.

Criistian, no crec que l'actitud a adoptar sigui la de "nosaltres ja ho deiem abans" ni donar per suposat que la formació de l'EI és millor que una altra. Per cert, fes-li una ullada a aquest document si vols saber la nostra:

http://noticies.pcc.cat/2012/09/numero-de-la-revista-realitat-dedicat.html

No crec que l'esquerra no independentista hagi de donar lliçons a l'esquerra independentista ni viceversa. El que passa és que la realitat ha canviat i per tant l'estratègia hauria s'ha d'adaptar a aquesta realitat.

Jo puc ser partidari a la treballar dins del moviment sobiranista avui però seguiria sent contrari a haver-ho fet fa 10 anys perquè el context era un altre i alguns no hem sigut ni serem nacionalistes catalans ni espanyols.