dilluns, 30 de novembre de 2009

¿Ayudas a los jóvenes? Mejor derechos.

Las ayudas del gobierno

Leo en Público que 60.000 jóvenes beneficiarios de las ayudas al alquiler no han cobrado los 210€ mensuales que les corresponden. La situación es a todas luces vergonzosa, porque supone un problema mayúsculo para los jóvenes implicados, pero esta tragedia no debe hacernos olvidar el planteamiento de la propuesta misma del gobierno, y muy especialmente, las alternativas de izquierdas que tenemos los jóvenes.


Las dificultades que tienen los jóvenes para emanciparse no son fruto de una fatalidad generacional sino de un entramado económico, social y cultural que los relega a ser ciudadanos de segunda. Las ayudas del gobierno pueden, ciertamente, aliviar alguna situación, pero para mejorar las condiciones de vida de la población juvenil es necesario acercarse a las causas de sus dificultades.


Y entre éstas observamos que la tasa de desempleo de los jóvenes dobla el paro nacional y, además, la mayor parte de los empleos de los jóvenes son temporales y mal retribuidos. O que el precio de los alquileres en España en relación a la renta es mucho mayor que la media europea. ¿Es justo que el conjunto de los españoles acabemos pagando 210€ a los propietarios de las viviendas que alquilan los jóvenes? Las supuestas ayudas al alquiler se convierten en ayudas al propietario.


Los jóvenes queremos derechos


Los jóvenes no queremos que el conjunto de la población nos ayude a pagar nuestro alquiler; los jóvenes queremos ejercer nuestro derecho a un empleo digno, nuestro derecho a una educación pública y de calidad y nuestro derecho a emanciparnos. Y estos derechos entran en contradicción con un sistema económico y social basado en el máximo lucro en el menor tiempo posible, o sea, con el capitalismo.


El gobierno debe tomar medidas para garantizar la emancipación de los jóvenes pero dichas medidas deben afectar el funcionamiento mismo del capitalismo. Y no somos ingenuos, cuando afirmamos la necesidad de afectar el capitalismo no nos referimos a abolir la propiedad privada y asunto resuelto. No, por ahora.


Afectar el capitalismo, significa poner restricciones a su propia lógica, no tenerle miedo. Con la caída del muro de Berlín, la lógica capitalista se erigió como un edificio inquebrantable, cualquier decisión que no concordara con la lógica del libre mercado se convertía en una herejía. En Europa se olvidó que todos los derechos que adquirimos los trabajadores, incluso los más asumidos como el derecho a vacaciones o a la sanidad, constituyen, bajo la sombra del capitalismo, una tremenda herejía: no son rentables, ¿Y qué?


Posiblemente la ampliación del parque de viviendas públicas para alquiler juvenil supondría menores beneficios para los arrendadores privados, ¿y qué? Posiblemente el aumento de los contratos indefinidos a los jóvenes supondría mayores gastos para los empresarios, ¿y qué? El capitalismo nos trae sin cuidado.


Nuestra calidad de vida, nuestros sueños y nuestras esperanzas no computan en los balances financieros de las empresas, y sin embargo, son lo que dan sentido a nuestras vidas. Por esto, los jóvenes le echamos un pulso a la mano invisible del mercado y que el gobierno decida, con o sin talante, de qué lado está.

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