dimecres, 14 de setembre del 2011

Les falàcies de CIU en política fiscal (o per no pagar Sant Pere canta)


El darrer dilluns, el portaveu de CIU al Congrés, Josep Antoni Duran i Lleida, va afirmar que la proposta de Pérez Rubalcaba de restituir l’impost de patrimoni estava feta amb “mala fe política” ja que l’impost de patrimoni estava “cedit a les comunitats autònomes” i la proposta de Rubalcaba significava una ingerència en les competències de Catalunya.

El darrer dimarts 5 d’abril, el president de la Generalitat, Artur Mas, justificà la supressió de l’impost de successions per la fi de la discriminació de Catalunya respecte a la resta de comunitats. Segons Mas, l’existència d’un major impost de successions a Catalunya respecte a altres comunitats autònomes implicava que hi hagués capitals catalans que anessin, de manera legal a Madrid, País Valencià o altres territoris per a pagar menys impostos.

En resum, la política fiscal transferida a les comunitats autònomes comporta una discriminació d’aquelles que posen una major càrrega impositiva respecte a les que en posen una de menor que genera una tendència cap a una progressiva reducció dels impostos de patrimoni per a evitar la fuga de capitals dins de l’Estat Espanyol. Ara bé, quan es proposa una llei de caràcter estatal i per tant, no discriminatòria, la dreta nacionalista parla de “mala fe política” i reclama que es mantingui la transferència de la política fiscal a les comunitats autònomes. És el peix que es mossega la cua.

No cal ser gaire astut per veure que, una vegada més, Convergència i Unió utilitza la senyera per tapar les seves vergonyes. El que volen realment Duran i Mas és que no es toquin els impostos dels seus, que els qui més tenen segueixin sent els qui menys paguin i, en definitiva, que l’austeritat no enfili Diagonal amunt.

dimecres, 6 d’abril del 2011

Suprimir el impuesto de sucesiones o cómo no afrontar la crisis

Durante los últimos años Convergència i Unió, el Partido Popular y los sectores económicos representados por los mismos han realizado una campaña mediática sin precedentes para tratar de convencer a la opinión pública catalana de la idoneidad de suprimir el impuesto de sucesiones para las rentas más altas del país (el gobierno anterior ya lo suprimió, de facto, para el resto de la población). Dicha proposición, como veremos a continuación, sólo beneficia una ínfima minoría de la población catalana y perjudica al conjunto de la economía catalana.

Se dice frecuentemente que bajar los impuestos es una buena medida para incentivar el consumo; el razonamiento es simple: si las familias pagan menos al estado, éstas pueden aprovechar ese dinero para consumir más. Obviamente a nadie se le escapa que si el estado recauda menos impuestos, éste tendrá mayores dificultades para poder proporcionar unos servicios públicos de calidad sobre todo si no se quiere recurrir a un aumento del déficit público. El debate se situaría entonces entre los partidarios del aumento del consumo privado y los partidarios de mantener un estado del bienestar desarrollado. ¿Sucede esto con el impuesto de sucesiones?

La respuesta a esta pregunta es que no y para resolverla trataremos de ver qué es lo que empuja a una persona a dejar una herencia a su descendencia. Cuando dejamos una herencia estamos asumiendo que la felicidad de nuestros hijos nos importa y que queremos aumentarla dejándoles un capital después de morir. Por otro lado es también asumible que valoramos positivamente nuestro propio consumo de modo que la cantidad de herencia que dejamos es un equilibrio entre el valor que damos al consumo futuro de nuestros hijos y el que damos a nuestro consumo presente.

Eliminar el impuesto de sucesiones implica que cada euro que dejamos de consumir en el presente podrá ser usado por nuestros hijos íntegramente para consumir en el futuro. Nuestro problema consiste en decidir si renunciamos, o no, a 1€ de consumo para garantizar 1€ de consumo de nuestros hijos. En presencia de un impuesto, por ejemplo del 50%, tenemos que por cada euro que dejamos de consumir en el presente, nuestros hijos dispondrán de 50 céntimos. El problema consiste, en este caso, en decidir si renunciamos, o no, a 1€ de nuestro consumo para garantizar 50 céntimos del de nuestros hijos. En el caso extremo en que el impuesto fuera del 100%, el problema consistiría en renunciar a 1€ de nuestro consumo por nada a cambio.

Observamos, por tanto, que el impuesto de sucesiones es un desincentivo a la herencia puesto que, cuanto mayor es, tenemos que renunciar a más cantidad de consumo presente para garantizar el mismo consumo futuro para nuestros hijos. O, en otras palabras, cuánto mayor es el impuesto de sucesiones, menor es la herencia que dejamos y mayor es nuestro consumo en el presente. Por lo contrario, cuánto menor es el impuesto de sucesiones, mayor es la herencia que dejamos y menor es nuestro consumo en el presente. ¡Eureka! Acabamos de demostrar que, contrariamente a lo que se suele decir, sacar el impuesto de sucesiones implica reducir el consumo privado en el presente.

¿Cuál es la política del govern de Convergència i Unió para salir de la crisis? Reducir el consumo privado. Ver para creer.

dimecres, 3 de novembre del 2010

Pongamos que hablo de...

¿Qué esperamos agrupados en la plaza?

Hoy llegan los bárbaros.

Konstantinos Kavafis


Pongamos que viniera a Barcelona un líder religioso que compagina, a sus ochenta y tres años, el ejercicio de intermediar con dioses y las obligaciones que conlleva su condición de jefe de Estado. Habría quien dudaría de que las facultades de una persona de edad tan avanzada permitiesen realizar correctamente ambas tareas; Manuel Fraga, quizás no. Habría quien propondría que ambas responsabilidades fueran incompatibles; Silvio Berlusconi desde luego que no. Habría, incluso, quien sugeriría la posibilidad de establecer una edad de jubilación obligatoria; a Nicolas Sarkozy ni se le pasaría por la cabeza. Podría, sin embargo, suceder que viniera. Sin duda. Hace años ya se paseó por la ciudad Carlinhos Brown y desde aquella fecha ya nada parece imposible, ni siquiera ver al felizmente olvidado Joan Clos bailar en un inverosímil carnaval…


Pero aún hay más…


Pongamos, por ejemplo, que el Estado de nuestro líder tuviera el dudoso honor de ser el único Estado teocrático de Europa, cuyo régimen político fuera una monarquía absoluta, cuyo líder, así como los electores de mismo, sólo pudieran ser varones. Pongamos que, no sin razón, se tratara de uno de los poquísimos estados del continente que no han firmado la Convención Europea de Derechos Humanos. Podría acabar sucediendo que el venerable anciano viniera a la ciudad pero, con toda probabilidad, los gobernantes denunciarían su presencia y dejarían patente su defensa incondicional de la democracia y de los derechos humanos.


Pero aún hay más…


Pongamos, es un decir, que nuestro líder fuera un acérrimo opositor a los derechos de los y las homosexuales, calificando el matrimonio homosexual como un desafío insidioso contra el bien común. Podría suceder que, sin embargo, viniera. Todo ello a pesar de que nuestro ayuntamiento aprobara en 2009 un plan municipal para garantizar los derechos de ciudadanía de las personas LGTB. Este ayuntamiento, con toda seguridad, realizaría una condena pública de su visita.


Pero aún hay más…


Pongamos un condón, o más bien, no lo pongamos. Imaginemos que nuestro líder llevara años proclamando urbi et orbe que el preservativo no detiene el sida, una enfermedad que, sólo en África afecta a más de veintisiete millones de personas. A pesar de todo, podría suceder que viniera. Entonces la Consellera de Sanidad cerraría filas en torno a la comunidad científica, recordaría el compromiso de la Generalitat de Catalunya en la promoción de métodos anticonceptivos, apelaría al sentido común para combatir las aberraciones científicas del líder. abriría un expediente sancionador por atentado a la salud pública e incluso, en tono jocoso, se preguntaría “¿quién nos protege de nuestro líder?”.


Pongamos, en definitiva, las cosas en su sitio.

dimarts, 26 d’octubre del 2010

José Montilla i el catenaccio polític


Hi ha dos Josés que apareixen regularment a la premsa catalana: José Montilla i Jose Mourinho. Hi haurà qui exposarà que les seves aptituds són diametralment oposades, que no tenen res a veure; res més lluny de la realitat: Montilla és deixeble de Mourinho.

Als seguidors del futbol i la política italianes, no ens han sorprès en absolut les declaracions del Molt Honorable indicant que no formaria un govern de coalició. Es tracta d'una estratègia que ja va seguir Walter Veltroni, candidat del Partito Democratico, a les eleccions generals italianes de 2006. El resultat el coneixem de sobres: Berlusconi president, el centre-centre-centre-esquerra amb els pitjors resultats electorals de la història italiana recent i l'espai polític hereu del gloriós PCI fora del parlament per primera vegada.


Montilla, dient que no vol reeditar el tripartit, regala la pilota a la dreta convergent i posa el catenaccio amb l'únic objectiu de frenar el goteig constant de vots cap a l'esquerra. Es tracta d'una estratègia que debilita l'esquerra en el seu conjunt però que pot servir per mantenir algun escó del PSC. Però que no s'equivoqui el votant: les bases del PSC mai no acceptarien regalar el govern a CIU si els socialistes tenen la possibilitat de governar amb l'esquerra.

Per tot això, cal seguir girant a l'esquerra sense pors ni amenaces. A Catalunya és necessari un govern de l'esquerra plural, un govern que ha d'aprendre dels seus errors, un govern on ICV-EUiA hi tingui un major pes ja que la coalició és l'única garantia de mantenir la possessió de la pilota, crear ocasions i llocs de treball, eixamplar el camp i l'estat del benestar, robar la pilota i no els impostos, evitar lesions i accidents a les carreteres, sentir els colors i no els calers i, en definitiva, seguir marcant-li gols a la dreta.

dimecres, 25 d’agost del 2010

Inception: una obra mestra menys

Esperada, aclamada, recomanada, insistida i recurrent, Inception –traduïda inexplicablement per Origen- , l’última pel·lícula de Christopher Nolan, es mereix uns breus comentaris que vagin més enllà dels esforços dialèctics per esbrinar el dilema de si cau o no cau la baldufa del protagonista, Coop, interpretat per un Leonardo di Caprio que s’ha guanyat meritòriament un lloc més enllà de les carpetes de les noies adolescents.


El director britànic, que ja ens va meravellar amb Memento o The Dark Knight, va trigar gairebé deu anys en completar un llarg metratge que revoluciona el discurs narratiu del cinema. Una idea genial que, en canvi, s’acaba convertint en la seva perdició: Nolan abandona la professió de director de cinema per convertir-se en l’arquitecte d’una obrahigh-tech exposant els components tècnics i funcionals de la construcció en una disposició relativament ordenada. I ho fa bé, però el cinema, des dels seus orígens, ha estat més lligat a la màgia que a l’arquitectura, i com tot bon mag sap, els trucs mai no s’expliquen.

Fotograma de París plegant-se sobre ella mateixa

La insistència de Nolan per respectar minuciosament els plànols dibuixats fan d’ Inception una cinta previsible. Inception, a diferència del Centre George Pompidou, s’oblida dels colors. Compta amb algunes escenes genials com ara el moment en què Ariadne (interpretada per Ellen Page) plega el món oníric i es passeja per un París en què el cel està format per carrers i edificis cap per avall, o la irrupció d’un tren enmig de Los Angeles, però aquestes escenes, lluny de ser suficients, emfatitzen la mediocritat visual de la resta del film. Per si això no fos suficient, al final de la cinta, Nolan enlloc d’aprofundir en les relacions entre els personatges es llença al gènere d’acció amb desenes de tiroteigs intranscendents.


Inception, que el lector no s’emporti una idea equivocada, és una de les millors pel·lícules que s’han estrenat a Catalunya en els darrers anys, però de Christopher Nolan n’ esperàvem més, molt més, possiblement una obra mestra que ens retorni la passió pel cinema que hem perdut darrerament. L’empresa no és fàcil però ell ha demostrat que té el talent suficient per a realitzar-la.

dimarts, 3 d’agost del 2010

La prohibició taurina: Un gran pas cap a una teoria de l'invisible

La justificació de la prohibició de les curses de braus a Catalunya s'ha associat, de forma errònia, a un fals debat entre l'animalisme i la identitat nacional.

No és veritat que els motius de la prohibició siguin animalistes per la senzilla raó que si fos així hauríem d'acceptar que aquesta prohibició fos extensible a molts altres àmbits de la nostra vida. Està demostrat que la nostra ingestió de proteines de procedència animal és molt superior a la que necessitem per sobreviure fet que implica, necessàriament, que els i les catalanes matem animals per un plaer tan efímer com és el gastronòmic. Estic convençut que si algú vol prohibir les corrides perquè la mort i patiment d'un animal no es pot justificar pel plaer que experimenten els assistents a les mateixes, també voldrà prohibir la ingestió desmesurada de proteines d'origen animal. I com que no sembla que la societat catalana estigui preparada, queda clar que no és l'animalisme el que l'ha empès a prohibir les curses de braus.

Tampoc és veritat que el motiu de la prohibició sigui la identitat nacional, o si més no, no seria un motiu justificable, ja que Catalunya és, i sobretot ha sigut, un poble amb gran afecció per les curses de braus, fet que queda demostrat per la presència de places de toros a tota la geografia catalana o amb la coexistència, a principis del segle XX, de fins a tres places a Barcelona. La tauromaquia no és, en cap cas, un fet cultural exclusiu de la cultura espanyola (què és la cultura espanyola, per cert?) sinó que tant al Pais Basc com al conjunt dels Països Catalans gaudeix i ha gaudit de gran acceptació.

Un cop descartades les tèsis mediàtiques habituals, només ens queda proposar la nostra: el motiu de la prohibició de les corrides de toros és l'avenç de la societat catalana cap a la teoria de l'invisible. La prohibició de les corrides de toros s'emmarca en el mateix procés que la llei del civisme, és a dir, en la hipocresia d'una societat que atorga la ciutadania amagant qualsevol forma de patiment, mort o dominació. La veritat no és el que importa, el que importa és el que es veu. I la legislació té precisament l'objectiu d'amagar, recorrent fins i tot, a prohibir l'existència de determinades minories.

No és fàcil saber quin serà el nou pas cap a la teoria de l'invisible. Una possibilitat seria la prohibició de les carnisseries, almenys com les entenem fins ara. No és de rebut, que en la nostra Catalunya invisible, hi hagi espais públics on s'exibeixin cadàvers d'animals esquarterats; es tracta d'una macabra arca de Noé que botiguers i compradors observen entusiasmats. Una altra possibilitat, de caràcter definitiu, és que la Sanitat Pública operi gratuïtament els ulls dels i les ciutadanes, adquirint, per fi, la ceguesa permanent.

Per part meva poca cosa més a dir, que encara em denunciarà algun conciutadà benpensant per apologia a la tortura.




dimecres, 21 d’abril del 2010

Estos, con sus boicots... I aquesta, amb els seus judicis.

Resposta a l'article de Pilar Rahola "Y estos, con sus boicots..."

I aquesta amb els seus judicis

Jugar a jutjar els dos bàndols suposa una enorme diferència respecte buscar solucions al conflicte, ja que per buscar-ne les solucions, cal establir correctament els problemes i per aquí la senyora Rahola sembla que no hi vol passar. La senyora Rahola ens ven que hi ha uns fanàtics de Hezbollah al Liban que només pensen en destruir l'Estat d'Israel però no ens pot dir que al mateix Liban hi ha encara 400.000 refugiats palestins que no poden tornar a casa seva perquè el democràtic Israel no els deixa passar.

Hi ha problemes que s'han de solucionar i l'Estat d'Israel, des de la seva creació, ha deixat prou clar que no té cap interès en fer-ho. Davant la qüestió dels refugiats palestins, Israel va respondre amb la matança de civils a Sabra i Shatila, davant la denúncia de la proliferació d'assentaments il·legals, Israel va respondre construint més assentaments, davant les dificultats de la població assetjada a la franja de Gaza, Israel va respondre amb una guerra amb un balanç de 1318 morts (1314 palestins i 4 israelians) segons l'ONU.

Vostè pot seguir jugant a jutjar, però nosaltres intentarem buscar solucions i, davant el fracàs de la diplomàcia europea, no ens queda altra opció que apostar pel boicot. Sembla que no li agrada la idea senyora Rahola, què hi farem, a vostè potser ja li anava bé la confrontació militar, en aquest terreny guanyen sempre.